Pon tu atención

Se disponía a salir de casa una mañana soleada pero fresca, como cualquier mañana de un invierno seco. Iba centrada en sus pensamientos, en sus ilusiones, en sus sueños. No se paró a mirar ni al cruzar la calle, con su paso firme y seguro, llevaba su cuerpo.

Saludaba sin más, por cortesía, con la mirada perdida y distraída, como la que mira sin observar, como el que oye sin escuchar.

La gente la veía pasar de una lado a otro, por las mañanas por la misma acera, por las tarde al volver a casa por la otra. Así una mañana tras otra, así durante un largo periodo de tiempo.

  • ¿Qué chica tan dispersa y distraída? – decían algunos.

Pero ella no oía, ella no se paraba hablar con los vecinos, ensimismada en si misma pasaban sus días.

  • Que rara es esta chica, a veces tan despierta, a veces tan dormida… – seguían los comentarios.

Eso sí, siempre llevaba una sonrisa en la cara, regalaba una sonrisa ingenua a aquel que si la miraba, aquel que si era merecedor de ella. Se mostraba simpática y alegre cuando notaba un gesto amable, cuando veía la pureza del alma en los que la rodeaban.

Un día, como todos los demás, se disponía a salir de su casa, caminado segura con su sonrisa en la cara, distraída como siempre, con su mirada puesta en el cielo. Al cruzar la calle, ni tan siquiera mirar a ningún lado, se quedó quieta, parada, inmoviliza ante lo que sus ojos la mostraban. El coche que se acercaba tuvo que frenar en seco y por un segundo se paró el mundo, no se oía el murmuro de la gente, no se sentían las prisas que llevan todas las personas por la mañana, no se veía ningún movimiento rápido al cruzar la calle. En ese preciso instante, toda su energía se centro en el chiquillo que estaba caído en la calle y que nadie ayudaba, que ante las miradas de las personas que tanto se saludan, que tanto hablan en voz alta para que se les oiga, que tan despiertos parecen,  no se habían percatado de que en el suelo se encontraba un niño llorando porque no encontraba su muñeco.

Se agacho en medio de la calle, lo recogió y se lo acerco a aquel niño que en cuanto la vio, dejó de llorar y la sonrío.

  • Gracias- le contestó el niño.
  • No vuelvas a perderlo- ella le sonrió

La gente pudo ver lo despierta que estaba esta chica, lo atenta que había sido, a pesar de parecer que no mostraba interés, que no se percataba de la realidad, que su atención no era como la de los demás, que su atención era especial.

Un abrazo al corazón

Firma Isabel

 

 

 

 

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